jueves, 30 de octubre de 2008

Hasta los huesos y otro corto....



¿Qué es este vídeo? Un cortometraje de cine
¿Quien lo hizo? El director mexicano, René Castillo
¿Qué técnica utiliza? Una muy complicada llamada Stop motion, que se trata de ir moviendo los muñequitos poco a poquito hasta completar 24 tomas por segundo.
¿Quién hizo la música? La banda Cafe Tacuba y la canción de la Llorona, interpretada por Eugenia Leon.


El día de muertos



Este corto animado fue realizado por el director Kirk Kelley.

La canción de fondo, es muy bella, así como el impecable trabajo de animación, sin embargo, se nota la diferencia a la hora de abordar el tema con respecto al corto mexicano.

Este, muestra a los espíritus más chocarreros que amigables, típica visión extranjera de la muerte.

lunes, 27 de octubre de 2008

Promocionales del Día de Muertos en la TV

Esta es una sencilla recopilación de algunos de los spots televisivos a propósito del día de muertos, que año tras año, lanza al aire la empresa mexicana Televisa, como parte del fomento a las tradiciones y fiestas mexicanas.





















viernes, 24 de octubre de 2008

Erase una vez en la radio: La santa muerte.

El siguiente es un texto extraído de un programa radiofónico, que se transmitió en ocasión del Día de muertos, por medio de una, ahora desaparecida, radiodifusora mexicana llamada Radioactivo 98.5, hace mas de cinco años ya.

El programa en cuestión, se llamaba Data, y cada semana presentaba un interesante tema documentado para su exposición. Así que esta, es parte de una investigación realizada por el staff de ese programa y que ahora, transcribo textualmente en este espacio, con las mismas palabras con las que salió al aire.


El culto a la Santa muerte

Entre la gran cantidad de santos a los que muchas personas le rezan, hay uno que ha ganado gran popularidad. Se trata de la Santa Muerte, a la cual, de entrada; se le atribuye rápidez para conceder milagros, aunque no deja se ser una presenia un tanto perturbadora para muchos.

Se desconoce cuando surgió el culto de la Santa Muerte en México. Según una leyenda; un típico hiervero y brujo de Veracruz tuvo una serie de visiones y sueños que culminaron en la aparició de una imagen de la muerte en el techo de su casa.

El brujo, inmediatamente buscó al parroco para que le bendijera la imagén pero éste se negó alegando que se trataba de brujería o mágia negra y no de un milagro. Sin embargo, el brujo continuó teniendo sueños y revelaciones hasa que finalmente la muerte le habó de su deseo de que se preservara su imagén y que le prendiera verlas rojas para si ella poder quitar el dolor y el miedo a la hora de morir.

Sea el cuento verdad o no, el caso es qué por lo menos desde inicios del siglo XX, existe el culto a la Santa Muerte, que sobra decir no está canonizada ni reconocida oficialmente por ningún sector católico, aunque parte de la misma fe.

La Santa muerte está representada por la siempre recurrente imágen del esqueleto encapuchado que sostiene una güadaña. Aunque en algunos casos trae una vela, un rosario, un libro, un globo terraqueo o cualquier otro objeto simbólico.

Se le muestra de pie, en actitud venevolente o serena, por lo regular sus efigies son de madera, pasta o metal si se trata de diges para llevar al cuello, estos últimos los de uso más generalizado.

A la Santa Muerte se le puede encontrar representada de color negro, blanco o rojo escarlata. Cuando está de negro es una evocación que defiende de enemigos o ataca; blanca representa protección, luz y sabiduría y roja cuando tiene que ver con el amor y las pasiones humanas.

Lo que ha vuelto popular a la Santa Muerte, por encima del culto a otros Santos como el Niño de Atocha o San Isidro Labrador, es que se supone, la Santa Muerte es muy rápida y efectiva para conceder milagros. Las virtudes milagrosas de la Santa Muerte son, entre otras: recuperar lo perdido, asegurar matrimonios; ayuda en lo ecónomico; a sanar enfermedades terminales, repeler brujerías, eliminar enemigos y en general proteger de cualquier posible daño.

Por lo general, el culto a los santos implica cumplir ciertos requisitos y reglas a cambio de los milagros pedidos. En el caso de Santa Muerte, ésta exige que se le tenga en un pequeños altar y como mínimo, una veladora siempre encendida. Si se le pide algo, se le tiene que prometer algo que se pueda cumplir, lo que sea pero se debe cumplir sino, la próxima vez que se pida algo, tardara en cumplirlo o de plano lo hará.

Aunque oficialmente no cuenta como fecha en el santoral a la Santa Muerte no cuenta como fecha en el santoral. A ella se le conmemora el Viernes Santo y obviamente, el Día de muertos.

Como todo santo, reconocido o no, cuenta con sus muy propias oraciones que se enfatizan ante todo su aspecto protector contra cualquier amenaza. De especial atención resulta que la gran mayoría de sus adeptos son individuos de vida nocturna o que ejercen profesiones de alto riesgo.

En todo caso, su culto no es exclusivo de México, también se le referencía en Brazil, Paragüay, Argentia y Bolivia, principalmente.


Esto fue un subtema del programa La muerte, una producción de radioactivo 98.5.

La "niña blanca" de Tepito, una imagen de la Santa Muerte en ese barrio


jueves, 8 de noviembre de 2007

LA MUERTE VIVA

Con este post, queda oficialmente cerrada la temporada de "Muertos" en el blog.





LA MUERTE VIVA

La aguja del instantero
recorrerá su cuadrante,
todo cabrá en un instante
del espacio verdadero
que, ancho, profundo y señero,
será elástico a tu paso
de modo que el tiempo cierto
prolongará nuestro abrazo
y será posible, acaso,
vivir después de haber muerto.

Javier Villaurrutia

¡Hay la muerte!, ¡hay el silencio absoluto!, el descanso sin interrupciones, las noches eternas, quien las viera, quien las tuviera… y es que nosotros mexicanos, también sentimos impotencia ante la expectativa de lo desconocido, lo efímero de nuestra existencia esta al escrutinio de una parca burlona con guadaña en mano, pero que sin embargo ríe, ríe con nosotros en una complicad de siglos.

La muerte calaca, la calaca glotona, la calaca traviesa, la calaca juguetona, la festiva, la que baila y canta, la muerte viva…esa es la que se celebra: extraña determinación, hipálage siniestra, contradicción de la existencia, dicotomía inevitable: la muerte es etérea, abstracta, invisible, pero sabemos que nos ronda, nos sonríe, va de la mano con nosotros…antitesis de la vida, la una y la otra se necesitan, pues no podrían existir por separado: la vida sería un absurdo sin la muerte y la muerte se nutre de la vida.

Como en tiempos prehispánicos; el sacrificio humano en tributo a los dioses sostenía y alargaba la vida, del mismo modo nace la idea de que después del último suspiro hay una y muchas otras oportunidades para continuar surcando veredas; o tal vez esa ilusión difusa sólo logre un jolgorio de calaveras sonrientes…”El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias…y acontecimientos. Somos un pueblo ritual. Y esta tendencia beneficia a nuestra imaginación tanto como nuestra sensibilidad…” (Paz, 2004; 51).

Lo que es una verdad ineludible es que en México, la muerte no es sinónimo de esterilidad, muy al contrario, engendra…tal vez no el alimento absoluto de la diosa tierra Coatlicue (o Tonatzin), como creían los antiguos, pero si hace que brote una imaginación que se desborda y estalla en expresiones de arte y color…. “Entre nosotros la Fiesta es una explosión, un estallido. Muerte y vida, júbilo y lamento canto y aullido se alían en nuestros festejos, no para recrearse o reconocerse, sino para entre devorarse. No hay nada más alegre que una fiesta mexicana, pero también no hay nada más triste. La noche de fiesta es también noche de duelo…” (Paz, 2004; 57)

La ideocincracia del mexicano es harto compleja, pero esta complejidad nos alcanza para domar el destino siniestro que nos amenaza a todos, y es que “…La muerte no nos asusta por que la vida nos ha curado de espantos….”(Paz, 2004;63) Si la muerte no es para estremecerse y retirar la mirada presurosos, no. Hay cosas peores que cerrar los ojos en la absoluta calma del sepulcro, más viles y dolorosos lugares a donde ir que al eterno abrazo de la tierra. Pues, de verdad penoso y horrorizante es el fin del alma en un cuerpo que presume vida y apesta a difunto por que se le ha muerto el espíritu…” y muerto no es aquel que en dulce calma yace en la tumba fría, muerto es aquel que tiene muerta el alma y cree vivir todavía”, reza un sabio epitafio y es que “Aquí en la tierra es un lugar de mucho llanto, lugar donde…es bien conocida la amargura y el abatimiento. Un viento como de obsidianas sopla y se desliza sobre nosotros…no hay lugar de bienestar aquí en la tierra, no hay alegría permanente, no hay felicidad que perdure” (Del códice Florentino en Westheim, 1996), le decía un padre azteca a su pequeña hija.

Por eso nuestra descarada burla disfraza la angustia ante la vida. Actitud que nos ha sido legada como una herencia milenaria; atavismo puro venido del pensamiento precolombino en donde no había infierno y los lugares de residencia mortal no eran ganados por la forma en como se vivía, sino por la forma en como se moría: los de fallecimiento natural o por “muerte corriente” viajaban al Mictlan, lugar de sombras y frío donde reinaba Mictlantecutli. A este reino se llegaba atravesando caminos pedregosos y un ancho y caudaloso río de sangre, eso sí, con la ayuda del perro que tuvieron en vida; “un perro pintito o bermejo, que no tuviera miedo de ensuciarse”….; también estaban los que morían por alguna enfermedad o causa relacionada con el agua, estos difuntos iban al Tlalocan, autentico paraíso donde manaba el agua y abundaban las verduras tiernas, la casa del dios Tlaloc ni más ni menos; y estaban los guerreros muertos en batalla o las mujeres fallecidas en el parto que iban a la casa del sol, el gran Huitzilopochtli y le acompañaban en su viaje por el cielo, adórnanos con penachos y ricos abolorios cruzaban la bóveda celeste cada día para retornar en la noche y que después de algunos años solares, estos muertos regresaban a la vida en forma de picaflores….

Estas mitologías y la costumbre de rendir culto a los muertos se sincretizó con la promesa cristiana de una nueva vida que los conquistadores trajeron consigo y de allí surgió la fiesta, el rito, la costumbre transformada en tradición a la que se llama Día de muertos, la cual nos ha enseñado a mostrar la cara a la muerte con desenfado y hasta ingenio, cosa curiosa, eso nos ha distinguido del resto: México y la muerte con sus expresiones de arte: la calavera y las fantasías macabras que despiertan en el mexicano son cosa que, como lo había indicado, asombran y confunden a la perspectiva externa…

Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con impaciencia , desden o ironía…(Paz, 2004; 63)

Y el miedo ante lo desconocido que inevitablemente nos remite la seductora macabra se alivia con el atrevimiento irónico al mirarla a las vacías cuencas “a mi la huesuda me pela los dientes”, dice un dicho. De allí que podemos inventarle chascarrillos, disfrazarla, divertirla, comerla; por que la muerte a los mexicanos nos sabe a vianda, a platillos, a dulces, a deliciosas osamentas echas de amaranto, chocolate o azúcar retacadas de adornillos (el último rostro del dios Mictlantecutli echo golosina). A propósito de este simbólico postre, comenta Paul Westheim de una exposición de arte mexicano en París…” Se enteraban de que en México hay padres que el 2 de noviembre regalan a sus hijos calaveras de azúcar y chocolate en las cuales está escrito el nombre de la criatura, y que está se come encantada el dulce macabro, como si fuera la cosa más natural del mundo” (Wetsheim, 1996) y resulta que lo es: “La comunión, cuando devoramos el cráneo de azúcar, es un ritual desprevenido, apenas transpuesto, del erotismo de los sacrificios”. (Cardoza y Aragón, 1996; 40)…

Así, la muerte representa ofrenda, ajuar y altar para los fieles difuntos que según la creencia, cada año volverán los primeros días de noviembre, sigilosos durante la noche, guiados por la luz de cirios, velas y veladoras atraviesan los extensos campos reventados en flor de Cempasúchil, de terciopelo, de alhelíes o nube; aspirando el aroma de incienso y copal quemado en los sahumadores, sortean al viento feroz del otoño, escuchando el insistente y lúgubre tañido de las campanas eclesiásticas que repiquetean durante la noche,

Ofrecer comida a los muertos…cosa más extraña, pero bien se escribe y se dice; México es un pueblo ritual y según sus ideas: “que todo falte menos el sustento”. Que aunque “al vivo todo le falta y al muerto todo le sobra”, no por ello dejará la costumbre que a los difuntos se les agasaje con sus platillos favoritos, con pan de muerto, con bebidas, con fruta de la temporada, con flores y decorados especiales… ¿será que las penas con pan son menos? Lo cierto es que de “golosos y tragones están llenos los panteones” y que la gastronomía nacional (y nacionalista) bien alcanza para recordar a los que se han adelantado en el camino, a los que han estirado la pata, los que han chupado faros, pelado gallo, rendido cuentas, los que han ido al valle de las calacas, que se han pelado, petateado, entregado el equipo, que se han reunido con la huesuda, la pelona, la catrina, doña macabra, calaca, caneca, huesuda…en fin, los que reposan en calma, que duermen el sueño eterno, por los siglos de los siglos….

Creencia que los muertos retornan, se me antoja engaño de la metafísica que los laicos, escépticos (y uno que otro nihilista), deberíamos rechazar, pero…lo cierto es que la muerte también nos seduce y nos alcanza, después de todo, es la más verídica y fehaciente de las verdades:

“La muerte se responde sus propias preguntas. Su respuesta: la certidumbre de que ella es para siempre. Y estalla una rebelión mágica en la cual hombres y mujeres y niños y animales se despojan no sólo de sus máscaras, también de sus carnes; ya no desollados, sino roídos por un tiempo que los relojes no pueden ni soñar…”

(Cardoza y Aragón, 1996; 39)

Además, la fascinación nostálgica que produce no se puede definir con certeza, simplemente nos atraviesa los corazones ateridos de lúdico espanto, ¿cómo no había de filtrarse su influencia al arte?; la huesuda les guiña el ojo a los literatos, poetas, pintores, dramaturgos, cineastas y grabadistas, que se entregan a ella, y en este tenor hay que mencionar al más famoso de todos ellos: José Guadalupe Posada.

Artista mexicano decimonónico, dedico su vida a narrar con arte macabro la vida del país de principios de siglo. Con burla jugaba con las calaveras, los rostros descarnados de cada miembro de la pantonimia del Porfiriato, ¿la más famosa de sus obras? La muerte catrina (que se ha convertido en símbolo y arquetipo mexicano), la muerte que elegante luce un inmenso sombrero adornado de flores y plumas, retrato satírico de las ostentosas damas porfirianas que se paseaban por la ciudad con la frente y la mirada muy en alto “¡no fuera a ser que sus ojos se toparan con algún pelado!” Y sin embargo tenían una seguridad, iban a morir y se despojarían de toda vanidad para ser hueso podrido a la humedad de la tierra…del mismo modo, Posada represento al político, al catrín, al cacique hacendado, al cachupín, a los curas, a los pueblerinos…en fin, sus grabados son arte que hasta la fecha (albores del siglo XXI) vive y se representa en papel picado y esculturas de papel mache, en este sentido, el que fuera un modesto periodista al servicio de un diario reaccionario e izquierdista llamado El hijo del Ahuizote, al final, de alguna manera burlo a la huesuda

La muerte y nosotros, nosotros y el llamado Día de muertos, fiesta que de entre lúgubre y alegre muestra una de las facetas más exóticas, por llamarla de alguna manera, de nuestra ideocincracia…y no es que, ufanos pretendamos escapar del dolor y el vacío que la finitud de la existencia puede traer, mas al menos tratamos de llenar esa sinrazón que muchos no hallan como, y quien sabe, yo no se, tal vez esa ancestral visión del fallecimiento con promesa de retorno reconforta al doliente, al saber a su ser amado en un reino de calma absoluta que de repente le cierra la puerta a las aberraciones, los males pero también a las frivolidades de la existencia terrena: “La muerte nos venga de la vida, la desnuda de todas sus vanidades y pretensiones y la convierte en lo que es: unos huesos mondos y una mueca espantable.… “(Paz, 64; 2004)

…Y una mirada hacia dentro, muy dentro de las cosas desconocidas y absolutas, por que no es pensamiento suicida, o pesimista la que nos viene cuando sublimamos a la muerte, es una transformación a una expresión cultural privilegiada donde reina el humor, la alegría y la calma…hay que sentirse cómodos con la muerte, después de todo, algún día, todos seremos calaveras.

BIBLIOGRAFIA

CARDOZA Y ARAGÓN, Luís, José Guadalupe Posada, Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Publicaciones, México, 1999.


PAZ, Octavio, El laberinto de la soledad, Fondo de Cultura Económica, México, 2004.

VILLAURRUTIA, Javier, Nostalgia de la muerte, Ediciones Coyoacán, México, 2001

WESTHEIM, Paul, La calavera, Fondo de Cultura Económica, México, 1996.

SOLO LA MUERTE

HAY cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.
La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

Pablo Neruda

domingo, 4 de noviembre de 2007

MAS NECROCRONICAS EN FOTOS












sábado, 3 de noviembre de 2007

DIA DE MUERTOS EN EL ZOCALO DE LA CIUDAD DE MEXICO

La siguiente es una seria de fotografias personales(correspondientes a la primera entrega que realizo) de la exposición con motivo de la celebración del Dia de muertos 2007, llevada a cabo en la plancha del zocalo de la ciudad o Plaza de la constitución.

En las siguientes fotografías se muestra algo del ingenio de los artistas mexicanos y de su trabajo para conservar y rendir tributo a nuestras tradiciones.

Cabe señalar que en el evento destaco la inmensa representacion del último zompanctli de la Gran Tenochtitlan, ademas de las figuras monumentales de las calaveras de los pintores Frida Kalo y Diego Rivera así como un cuadrilatero donde se represetan a las estrellas de la lucha libre mexicana, además de ofrendas de cada delegación, concurso de alta reposteria en pan de muerto y muchas cosas mas...

Espero que las imagenes hablen por sí mismas.











jueves, 1 de noviembre de 2007

FIELES DIFUNTOS..

Hoy día es el día de los Fieles difuntos, una de las fechas conmemorativas dedicada a los muertos. En este día se tiene a creencia de que las animas de los más pequeños difuntos retornana a sus hogares, por lo que se les ofrendan platillos y objetos tales como juguetes de barro y alfeñiques.



En la foto se observa una tipica y tradicional calavera de dulce, también denominada alfeñique. De ella, se pueden encontrar ejemplares diversos expendidos en todos los mercados del país. Esta calavera en particular, es propia de la región centro del país y corresponde a un fotograma de La feria del alfeñique 2006, en la ciudad de Toluca Estado de México.

martes, 30 de octubre de 2007

FALTAN DOS PARA QUE LLEGUE EL DIA DE MUERTOS...Fieles difuntos...

El pan de muerto es una de las piezas de la repostería mexicna más famosas y autoctonas que puede haber. Sus ingredientes y formas, así como el modo de preparación pueden variar de region a región, lo que no cambia es su finalidad, su intención y la carga ritual que significa el alimento para los mexicanos, además de representar fehacientemente el sincretismo cristiano- precolombino de nuestra cultura y en especial del Dia de muertos: elaborado a base de harina de trigo, además lleva canela, huevo, manteca y ázucar y (cocidos de preferenciaen amasijos de barro a fuego de leña), pero es netamente dedicado y ofrendado a los difuntos en los altares y ofrendas a lo largo y ancho del país, lo que dota a esta deliciosa vianda de una carga simbola, casi mistica.

En la ilustraciónn observamos una pieza típica con adornos que simulan huesos en cruz y está polvoreado en azucar morena...sin embargo existen más variantes como las cubiertas con azucar rosa o las llamadas "Gallinitas" cubiertas en ajonjolí, las "pechugas"; sucunlentas y redondas piezas de corteza crujiente y mijagon suave, los niños envueltos, en honor a los muertos más pequeños y muchos otros...




lunes, 22 de octubre de 2007

TEXTO DE LA SEMANA




Macario

Juan Rulfo

Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos... Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas. Felipa es la que dice que es malo comer sapos. Felipa tiene los ojos verdes como los ojos de los gatos. Ella es la que me da de comer en la cocina cada vez que me toca comer. Ella no quiere que yo perjudique a las ranas. Pero, a todo esto, es mi madrina la que me manda a hacer las cosas... Yo quiero más a Felipa que a mi madrina. Pero es mi madrina la que saca el dinero de su bolsa para que Felipa compre todo lo de la comedera. Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco. Lo de lavar los trastes a mí me toca. Lo de acarrear leña para prender el fogón también a mí me toca. Luego es mi madrina la que nos reparte la comida. Después de comer ella, hace con sus manos dos montoncitos, uno para Felipa y otro para mí. Pero a veces Felipa no tiene ganas de comer y entonces son para mí los dos montoncitos. Por eso quiero yo a Felipa, porque yo siempre tengo hambre y no me lleno nunca, ni aun comiéndome la comida de ella. Aunque digan que uno se llena comiendo, yo sé bien que no me lleno por más que coma todo lo que me den. Y Felipa también sabe eso... Dicen en la calle que yo estoy loco porque jamás se me acaba el hambre. Mi madrina ha oído que eso dicen. Yo no lo he oído. Mi madrina no me deja salir solo a la calle. Cuando me saca a dar la vuelta es para llevarme a la iglesia a oír misa. Allí me acomoda cerquita de ella y me amarra las manos con las barbas de su rebozo. Yo no sé por qué me amarra mis manos; pero dice que porque dizque luego hago locuras. Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por nomás. Yo no me acuerdo. Pero, a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras. Cuando me llama a comer, es para darme mi parte de comida, y no como otra gente que me invitaba a comer con ellos y luego que me les acercaba me apedreaban hasta hacerme correr sin comida ni nada. No, mi madrina me trata bien. Por eso estoy contento en su casa. Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero... La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero no, no es igual de buena que la leche de Felipa... Ahora ya hace mucho tiempo que no me da a chupar de los bultos esos que ella tiene donde tenemos solamente las costillas, y de donde le sale, sabiendo sacarla, una leche mejor que la que nos da mi madrina en el almuerzo de los domingos... Felipa antes iba todas las noches al cuarto donde yo duermo, y se arrimaba conmigo, acostándose encima de mí o echándose a un ladito. Luego se las ajuareaba para que yo pudiera chupar de aquella leche dulce y caliente que se dejaba venir en chorros por la lengua... Muchas veces he comido flores de obelisco para entretener el hambre. Y la leche de Felipa era de ese sabor, sólo que a mí me gustaba más, porque, al mismo tiempo que me pasaba los tragos, Felipa me hacia cosquillas por todas partes. Luego sucedía que casi siempre se quedaba dormida junto a mí, hasta la madrugada. Y eso me servía de mucho; porque yo no me apuraba del frío ni de ningún miedo a condenarme en el infierno si me moría yo solo allí, en alguna noche... A veces no le tengo tanto miedo al infierno. Pero a veces sí. Luego me gusta darme mis buenos sustos con eso de que me voy a ir al infierno cualquier día de éstos, por tener la cabeza tan dura y por gustarme dar de cabezazos contra lo primero que encuentro. Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo y me ataja el miedo ese que tengo de morirme. Y por un ratito hasta se me olvida... Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le cuenta al Señor todos mis pecados. Que irá al cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo. Ella le dirá que me perdone, para que yo no me preocupe más. Por eso se confiesa todos los días. No porque ella sea mala, sino porque yo estoy repleto por dentro de demonios, y tiene que sacarme esos chamucos del cuerpo confesándose por mí. Todos los días. Todas las tardes de todos los días. Por toda la vida ella me hará ese favor. Eso dice Felipa. Por eso yo la quiero tanto... Sin embargo, lo de tener la cabeza así de dura es la gran cosa. Uno da de topes contra los pilares del corredor horas enteras y la cabeza no se hace nada, aguanta sin quebrarse. Y uno da de topes contra el suelo; primero despacito, después más recio y aquello suena como un tambor. Igual que el tambor que anda con la chirimía, cuando viene la chirimía a la función del Señor. Y entonces uno está en la iglesia, amarrado a la madrina, oyendo afuera el tum tum del tambor... Y mi madrina dice que si en mi cuarto hay chinches y cucarachas y alacranes es porque me voy a ir a arder en el infierno si sigo con mis mañas de pegarle al suelo con mi cabeza. Pero lo que yo quiero es oír el tambor. Eso es lo que ella debería saber. Oírlo, como cuando uno está en la iglesia, esperando salir pronto a la calle para ver cómo es que aquel tambor se oye de tan lejos, hasta lo hondo de la iglesia y por encima de las condenaciones del señor cura...: "El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro." Eso dice el señor cura... Yo me levanto y salgo de mi cuarto cuando todavía está a oscuras. Barro la calle y me meto otra vez en mi cuarto antes que me agarre la luz del día. En la calle suceden cosas. Sobra quién lo descalabre a pedradas apenas lo ven a uno. Llueven piedras grandes y filosas por todas partes. Y luego hay que remendar la camisa y esperar muchos días a que se remienden las rajaduras de la cara o de las rodillas. Y aguantar otra vez que le amarren a uno las manos, porque si no ellas corren a arrancar la costra del remiendo y vuelve a salir el chorro de sangre. Ora que la sangre también tiene buen sabor aunque, eso sí, no se parece al sabor de la leche de Felipa... Yo por eso, para que no me apedreen, me vivo siempre metido en mi casa. En seguida que me dan de comer me encierro en mi cuarto y atranco bien la puerta para que no den conmigo los pecados mirando que aquello está a oscuras. Y ni siquiera prendo el ocote para ver por dónde se me andan subiendo las cucarachas. Ahora me estoy quietecito. Me acuesto sobre mis costales, y en cuanto siento alguna cucaracha caminar con sus patas rasposas por mi pescuezo le doy un manotazo y la aplasto. Pero no prendo el ocote. No vaya a suceder que me encuentren desprevenido los pecados por andar con el ocote prendido buscando todas las cucarachas que se meten por debajo de mi cobija... Las cucarachas truenan como saltapericos cuando uno las destripa. Los grillos no sé si truenen. A los grillos nunca los mato. Felipa dice que los grillos hacen ruido siempre, sin pararse ni a respirar, para que no se oigan los gritos de las animas que están penando en el purgatorio. El día en que se acaben los grillos, el mundo se llenará de los gritos de las ánimas santas y todos echaremos a correr espantados por el susto. Además, a mí me gusta mucho estarme con la oreja parada oyendo el ruido de los grillos. En mi cuarto hay muchos. Tal vez haya más grillos que cucarachas aquí entre las arrugas de los costales donde yo me acuesto. También hay alacranes. Cada rato se dejan caer del techo y uno tiene que esperar sin resollar a que ellos hagan su recorrido por encima de uno hasta llegar al suelo. Porque si algún brazo se mueve o empiezan a temblarle a uno los huesos, se siente en seguida el ardor del piquete. Eso duele. A Felipa le picó una vez uno en una nalga. Se puso a llorar y a gritarle con gritos queditos a la Virgen Santísima para que no se le echara a perder su nalga. Yo le unté saliva. Toda la noche me la pasé untándole saliva y rezando con ella, y hubo un rato, cuando vi que no se aliviaba con mi remedio, en que yo también le ayudé a llorar con mis ojos todo lo que pude... De cualquier modo, yo estoy más a gusto en mi cuarto que si anduviera en la calle, llamando la atención de los amantes de aporrear gente. Aquí nadie me hace nada. Mi madrina no me regaña porque me vea comiéndome las flores de su obelisco, o sus arrayanes, o sus granadas. Ella sabe lo entrado en ganas de comer que estoy siempre. Ella sabe que no se me acaba el hambre. Que no me ajusta ninguna comida para llenar mis tripas aunque ande a cada rato pellizcando aquí y allá cosas de comer. Ella sabe que me como el garbanzo remojado que le doy a los puercos gordos y el maíz seco que le doy a los puercos flacos. Así que ella ya sabe con cuánta hambre ando desde que me amanece hasta que me anochece. Y mientras encuentre de comer aquí en esta casa, aquí me estaré. Porque yo creo que el día en que deje de comer me voy a morir, y entonces me iré con toda seguridad derechito al infierno. Y de allí ya no me sacará nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo, ni el escapulario que me regaló mi madrina y que traigo enredado en el pescuezo... Ahora estoy junto a la alcantarilla esperando a que salgan las ranas. Y no ha salido ninguna en todo este rato que llevo platicando. Si tardan más en salir, puede suceder que me duerma, y luego ya no habrá modo de matarlas, y a mi madrina no le llegará por ningún lado el sueño si las oye cantar, y se llenará de coraje. Y entonces le pedirá, a alguno de toda la hilera de santos que tiene en su cuarto, que mande a los diablos por mí, para que me lleven a rastras a la condenación eterna, derechito, sin pasar ni siquiera por el purgatorio, y yo no podré ver entonces ni a mi papá ni a mi mamá que es allí donde están... Mejor seguiré platicando... De lo que más ganas tengo es de volver a probar algunos tragos de la leche de Felipa, aquella leche buena y dulce como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco...

domingo, 21 de octubre de 2007

Mira como baila el esqueleto!!

miércoles, 10 de octubre de 2007

CALAVERAS DE LAURIE LIPTOP





El trabajo de la artista norteamerica Laurie L. Se caracteriza por plasmar escenas de sátira macabra y dentro de su trabajo, encontramos reminiscencias al festejo mexicano del día de muertos